LA VIVIENDA EXPANDIDA. Fórmulas para revitalizar la vida urbana.

 

La vivienda expandida es un proyecto de investigación que pretende promover formas innovadoras de habitar explorando las posibilidades de los locales en desuso en las plantas bajas como extensión de la vivienda.

En este contexto de crisis económica, climática y social en la que nos encontramos, la necesidad de buscar soluciones sostenibles que propongan alternativas en nuestras formas de habitar son imperantes. La falta de arraigo de la ciudadanía, la pérdida de la vida pública, la existencia de locales en desuso y la precariedad de la vivienda, nos lleva a plantearnos la posibilidad de expandir nuestras viviendas a los recursos espaciales vacíos en las plantas bajas.

 

El paisaje urbano a cota cero en las periferias de nuestros municipios está formado por persianas bajadas. Un paisaje urbano hostil e inseguro, que preocupa en muchos ámbitos de la sociedad; primero por una pérdida de actividad comercial y sus implicaciones a nivel económico y laboral, segundo, por la pérdida de la vida pública y sus consecuencias a nivel urbano y social. Concatenar espacios en desuso en la cota cero de la ciudad, el espacio público por excelencia, no hace sino aumentar las problemáticas relacionadas con la pérdida de actividad en las calles y plazas.

Si bien es cierto que este es un fenómeno que atraviesa desde hace tiempo los diagnósticos y planes urbanos, es complicado definir las dimensiones reales del problema, ya que los datos concretos sobre la situación de los locales no están cartografiados o publicados, o no son accesibles. Sí que podemos asegurar que el enorme parque de locales vacíos y en desuso va en aumento derivado de una oferta sobredimensionada, la destrucción del modelo de comercio de proximidad y las sucesivas crisis económicas de los últimos años.

Aunque desconozcamos el impacto real o las consecuencias a largo plazo, no podemos obviar que la crisis de laCOVID-19 ha supuesto un agravamiento de esta desertización. Aún así, tanto los datos previos a la pandemia como los posteriores, nos muestran que es un problema que se extiende desde hace años por diferentes localidades del Estado.

“El stock disponible de locales vacíos está aumentando mes a mes de una forma nunca vista. Habrá entre un 30% y un 40% más de oferta a finales de año en toda España” (El País; Sandra López Letón, 26.09.2020).

 

Desde entonces se han publicado datos en diversos medios que apoyan este aumento sucesivo de bajos vacíos, tanto por las grandes urbes como en los pueblos o pequeños municipios:

en Canarias llegaban a los 27.000 locales comerciales y oficinas cerrados a principios del año 2021” (Artículo de La provincia, Diario de las Palmas; Dalia Guerra, 09.03.21).

“el Casco Viejo se abala como uno de los epicentros de la actividad festiva en Miranda. La caída de ventas en las tiendas de esta zona ha hecho que ahora mismo apenas un 40% de los locales existentes se encuentren abiertos (Artículo de El Diario de Burgos, Arsenio Besga , 25.10.22);

en las calles más comerciales de ciudades como Barcelona o Madrid podemos encontrar locales comerciales vacíos. Casi ninguna de estas millas de oro se libra de tener un 10% de sus locales cerrados, a pesar de que el importe de los alquileres se haya reducido en otro 10″ (Idealista news, 25.06.2021).

 

En Euskadi los pueblos y ciudades también sufren este abandono de las plantas bajas:

“Las capitales vascas tienen vacías el 15% de las lonjas en sus zonas céntricas más comerciales. Vitoria supera la media, con un 25,53% de los locales cerrados, mientras que Bilbao es la que presenta un porcentaje menor, sin llegar al 10%, y Donostia llega al 12%.” (Artículo de El Diario.es, Belén Ferreras / Rubén Pereda / Iker Rioja Andueza; 27.08.22).

 

Está claro, además, que este problema es mucho más perceptible en las periferias y estas soluciones replican las dinámicas de los frentes de fachada cerrados:

“Donostia cuenta con 2.663 locales vacíos, casi el 20% del total. Altza, con el 41,3% de las lonjas sin uso, es el barrio que muestra la situación más preocupante.” (Artículo de Noticias de Gipuzkoa, Arantxa Lopetegi,16.10.22).

 

Tenemos muchas plantas bajas, hoy infrautilizadas, tenemos edificios de oficinas o industriales que pueden convertirse en residenciales, tal vez dentro de poco (de hecho, ya ha empezado) tendremos incluso hoteles que deberán reconvertirse y, por supuesto, tenemos viviendas, vacías o no, cuyo programa no encaja con el uso que se le quiere dar realmente. Pero, sobretodo, tenemos apartamentos que en su momento se pensaron para otra estructura social y que hoy podrían mejorar sus posibilidades.

¿Y si en vez de reservar/destinar un espacio en nuestro hogar para aquellas actividades que realizamos de forma temporal o esporádica compartimos “habitación/estancia satélite” con la comunidad para esas actividades? ¿Cómo podríamos compartir espacios para el teletrabajo, el deporte, el ocio, el juego, el almacenaje o aparcamiento, el alojamiento temporal de nuestras visitas, o la celebración cumpleaños y fiestas? Al expandir nuestras actividades domésticas a lugares comunes ¿podríamos reajustar o redefinir las estancias y funciones de nuestras viviendas? ¿Y si trasladamos algunas de las ideas que plantea la economía colaborativa al modelo de vivienda? ¿Qué otras nuevas economías podrían surgir?

La vivienda expandida se plantea como una posible adecuación de las viviendas existentes que presentan la necesidad de expandirse y de volver a establecer una relación con el espacio público. La propuesta analiza las posibilidades de externalizar/expandir espacios destinados a usos domésticos y que pueden compartirse con la comunidad.

Partiendo de la hipótesis de que fomentar el uso de estos espacios es una cuestión beneficiosa para la vida urbana y de que, a parte de las actividades terciarias, el fomento de todo tipo de usos (comunitarios, domésticos, habitacionales o incluso de espacio público) es también una opción deseable, se propone un modelo de vivienda que cuente con una estancia compartida por la comunidad o el vecindario a cota cero.

Este nuevo modelo de vivienda, que ayuda a aprovechar con mayor intensidad los recursos urbanos infrautilizados (especialmente superficies de suelo residencial ya consolidado), necesitaría de una estrategia multirrespuesta para asegurar un mayor grado de viabilidad general, pluralidad social y diversidad funcional en sus materializaciones, atendiendo a las diferentes escalas y dimensiones de la iniciativa.

 

 

Analizamos por una parte aspectos relacionados con su dimensión espacial, teniendo en cuenta que las condiciones arquitectónicas y urbanas de estos locales, bajos y alargados, son limitadas y difícilmente adaptables. Cada tipología edificatoria plantea unos retos o características diferentes según las cuales se permite la legalización y adecuación de unas actividades u otras, determinadas también por el estado constructivo en el que se encuentra el bajo en cuestión, el uso previo del local y las instalaciones con las que cuenta o el contexto socio-urbano en el que se sitúa. Los posibles usos son múltiples, tantos como los que cada comunidad de uso pueda imaginar (espacios de crianza o cuidado de mayores, salones comunitarios, espacios de teletrabajo, biblioteca o salas de estudio…).

Realizar un diagnóstico urbano previo, exhaustivo y detallado de los locales vacíos y generar fuentes de información accesibles que muestren los datos y las condiciones de estos locales ayudaría a pensar en las posibilidades de uso de esos espacios. Trabajar en esta dimensión urbana y urbanística facilitaría el diseño estrategias a mayor escala que mantuvieran el equilibrio entre los bajos de uso comercial y aquellos que acogerían estos usos más domésticos, y permitiría proponer cambios y mejoras en las normativas que posibilitaran e impulsaran estas iniciativas.

Uno de los grandes retos de estas iniciativas es encontrar una comunidad de uso para estos espacios. Compartir espacios comunes es una tarea difícil en un contexto social donde se impone la cultura de lo individual. La falta de entrenamiento en el compartir colectivo y la escasez de recursos de mediación en la inteligencia comunitaria supondrá un reto importante dentro de la dimensión social de estas estrategias. Los procesos de decisión y co-creación participados que deberían incorporar participación multiagente (usuarios, constructores, promotores, diseñadores y técnicos de las administraciones) serán determinantes desde el inicio del proyecto y facilitarán la futura gobernanza y la gestión del espacio.

A su vez, es importante buscar formas de garantizar la viabilidad económica de la estrategia, ya que su éxito a largo plazo dependerá en gran medida de su capacidad para ser sostenibles y rentables. Los modelos de promoción y tenencia del espacio son muy variables, definidos en gran medida por la propiedad (pública-privada) y por la capacidad de la comunidad de asumir el riesgo y la responsabilidad económica. Las aportaciones de la administración en este sentido podrían ser múltiples y muy facilitadoras (la puesta a disposición de avales públicos, la reducción o supresión del pago de ciertos impuestos, la creación de protocolos formales de gestión, el acompañamiento profesional o la facilitación de un servicio técnico de asistencia).

La casuística de cada local y comunidad de uso es muy específica y debido a la falta de ejemplos prácticos o casos replicables, la estandarización de los procesos de creación de bajos de uso comunitario y doméstico es difícilmente estructurable en este momento. Sin embargo, es necesario repensar estrategias de reactivación de los bajos y sensibilizar respecto a esta problemática urbana. De hecho, la problemática de los bajos vacíos es un tema que, a diferencia de la realidad de las viviendas vacías, aún no forma parte de la esfera pública y es un debate que se da en ámbitos principalmente técnicos. En este contexto, es difícil pensar en una ciudadanía autoorganizada que reactive estos recursos espaciales a su alcance, sobre todo si el objetivo de esta reocupación es la dinamización de usos comunitarios y domésticos a cota cero de la ciudad. Por eso, es necesario que desde la administración y otros ámbitos técnicos impulsemos tanto la socialización, como en el testeo, la promoción o co-gestión de estos espacios y acompañemos a la ciudadanía en los procesos de reactivación de locales y de revitalización de la vida urbana.

Este es un estudio que hemos realizado de forma participada, en colaboración con personas de distintos conocimientos y grados de especialización (investigadoras, personal técnico de la administración, especialistas en urbanismo, arquitectura, economía, mediación y sociología urbana, además de ciudadanía interesada en el tema), gracias al programa Eraikal del Departamento de Vivienda del Gobierno Vasco.

El documento completo de la investigación está disponible aquí.

 

CUÁNDO
2022
DÓNDE
Bilbao
EQUIPO
Urbanbat
PROMOTOR
Departamento de Planificación Territorial, Vivienda y Transportes
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