ESPACIOS VECINALES PARA LA AUTOGESTIÓN

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Relatos sobre el taller de propuestas de urbanbat 2015

 

MESA 5: ESPACIOS VECINALES PARA LA AUTOGESTIÓN

Por Tatiana López Iraeta. Estudiante de 4º de Sociología en la UPV/EHU

El tema que se propuso para trabajar en la mesa 5 fueron los espacios vecinales para la autogestión, con la idea de buscar una vía para implicar al barrio en un proyecto vecinal y poder crear un modelo autogestionado sostenible que se sustente en el tiempo.

El agente que convoca la mesa es la asamblea de la Kultur Etxea, ya que el caso a tratar se localiza en la Kultur Etxea, un edificio que se encuentra en Bilbao La Vieja. Mi interés por participar en esta mesa se debe principalmente a que pertenezco a esta asamblea, por lo tanto, no había duda de donde quería aportar mi granito de arena.

La Asociación de vecinos y vecinas de Bilbao La Vieja recibió la ejecución de un convenio de cesión de uso por parte del Ayuntamiento (1989) que diese estabilidad, en el edificio y en el tiempo, a este local. Hoy en día es una asamblea independiente la que gestiona el edificio, y se encuentra con la problemática de que no se consigue crear un proyecto comunitario sostenible, capaz de involucrar más activamente a las personas que viven en el barrio.

En este caso, el agente visitante es LaFábrika detodalavida. Se trata de un proyecto que se sitúa en la localidad de Los Santos de Maimona (Badajoz) y ocupa dos naves de una antigua cementera. Es un espacio rehabilitado (2010-2015) desde el que se desarrollan dinámicas y metodologías a través de la gestión participativa y de una programación adaptada a las inquietudes y necesidades de la ciudadanía local. Su experiencia era muy valiosa a la hora de abordar el tema en cuestión. Carlos fue el representante del colectivo.

Para completar nuestra mesa se unen personas que pertenecen a varios colectivos; Santutxu-Karmelo Asamblada; La Caldera de Valencia; Ekhi del grupo de investigación Civersity, La Col arquitectura (Barcelona), el colectivo de arquitectos M-Etxea (Donostia), Mario de la Asamblea de ocupación, Carlos de LaFábrika detodalavida (Badajoz), Susana de la Auzo-elkarte de Bilbi, y Peio y yo misma de la Asamblea de la Kultur.

Hemos de introducirnos en el tema a tratar y para ello Peio, y Susana intentan explicarnos la situación de la Kultur. Comienzan diciendo que es un lugar emblemático en el barrio. Primero fue una casa de curas, donde las personas con menos recursos acudían para tener atención médica, pero después de las inundaciones de 1983 queda prácticamente inservible. En 1989 el Ayuntamiento cede su uso a la Asociación de vecinos y vecinas de Bilbao la Vieja. Desde ese momento, la Kultur se vuelve a llenar de vida con diversas actividades a lo largo de los años, y con el mantenimiento del edificio por parte de la Asociación de vecinos y vecinas en diferentes “Auzolan eguna”. La estructura del edificio (el tejado y la fachada) llevan necesitando una reparación inmediata desde hace años, tanto por los usuarios y usuarias del mismo como por la seguridad de las personas que transitan la calle y el muelle de Urazurrutia, aunque el Ayuntamiento no ha querido hacerse cargo de su arreglo, tal y como debería.

Por otra parte, desde hace unos años una Asamblea independiente toma la iniciativa y se convierte, de una manera abierta y autogestionada, en la «gestora» de las actividades y de las relaciones que van aconteciendo dentro de este lugar.

Pero existe una problemática muy clara. Mientras que no se tiene ninguna duda del amor a la Kultur por parte de las personas que viven en el barrio y de la enorme carga simbólica que implica que aún se mantenga en pie a pesar de las diferentes reestructuraciones que el barrio ha sufrido en los últimos años, existe muy poca implicación política en el proyecto participativo que es en sí la Kultur Etxea, un proceso colectivo detrás del que no hay ningún interés personal.

Después de entender un poco más que es la Kultur y cuál es su situación, las primeras preguntas vuelan por la mesa: ¿Existe una programación?, ¿Esta ordenada y accesible?, ¿El espacio está suficientemente acondicionado para posibles actividades?, ¿Tienen lugar actividades que atraen a la gente? Todo esto existe en la Kultur. Hay una página web y dentro de las posibilidades, está acondicionado para diversas actividades en función del espacio necesario. Las actividades atraen a personas, aunque es verdad que la mayoría de ellas de fuera del barrio. ¿Qué nos estamos perdiendo entonces? En el barrio existe mucha conciencia política, es uno de los más combativos de Euskal Herria. ¿Por qué no se traslada esa conciencia a una mayor implicación en la Kultur?

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Nos empezamos entonces a hacer preguntas más allá de la asamblea o del propio edificio, como por ejemplo cual es la reversión de la Kultur al barrio, y si es en forma lúdica o puede ser un espacio de trabajo para las personas que lo necesiten. Sale un ejemplo: el Pumarejo de Sevilla, donde las personas que necesitan un espacio para realizar su trabajo remunerado lo utilizan, y por lo tanto la implicación con el espacio ya es más personal, elemento muy importante a la hora de mantener proyectos sostenibles en el tiempo.

Otra cuestión importante. La apertura continua del edificio. Es importante que se visibilice el espacio y que esté abierto para todo el mundo todo el tiempo, aunque para ello se debería contar con personas que puedan tener esa responsabilidad y ahí está el principal problema: la implicación y la responsabilidad. Aparece otro ejemplo; Can Batló en Barcelona. Se logró la implicación de los vecinos, haciéndoles partícipes de la reforma y del acondicionamiento del espacio, haciéndolo suyo.

Una de las cuestiones que preocupan a las personas que componen la asamblea (ninguna de ellas es del barrio), es la legitimidad que pueden tener las personas que no viven allí para liderar la gestión de la Kultur. Y si eso provoca que los y las vecinas no tengan mayor contacto con el espacio, además de que la simbología histórica del edificio haga que los usos y la implicación sea menor, ya que se considera parte intrínseca del barrio.

Con todas estas ideas, comenzamos a proponer diferentes tácticas y estrategias que se han intentado en otros lugares de parecidas características, algunas de ellas con mucho éxito.

Primero de todo tener claro que la legitimidad es propia, y no externa. Que la implicación de las personas que ya están en la asamblea es honesta y desinteresada y que no hay que cuestionarla más. ¡Somos los otros!

A partir de aquí necesitamos atraer a las personas que viven en el barrio. Para ello tenemos que ver qué puede ofrecer la Kultur como espacio, cuáles son sus virtudes y si éstas se pueden poner en valor siendo usadas por otras asociaciones y colectivos del barrio. Buscar nuevos usuarios, utilizando distintas pedagogías participativas y creando espacios de inclusión para la diversidad de personas que viven allí. Además es importante ver si hay que cambiar las formas de hacer las cosas, aunque el fondo, los objetivos principales, no cambien.

Una de las cosas importantes, es que hay que crear estrategias a largo plazo, y no a corto, para que el proyecto sea sostenible y estable en el tiempo. Como se había dicho antes, mantener el espacio abierto para crear un espacio de diálogo.

Hay que pensar en el perfil de personas, que viven allí, jubilados e inmigrantes y pensar qué tipo de actividades necesitan, culturales, de ocio o informativas… Y cómo su tiempo libre puede ser un recurso importante a la hora de implicarse en la Kultur. Además puede existir la posibilidad de crear una programación híbrida: una destinada a los usuarios de la Kultur y otra para los vecinos del barrio; y que poco a poco vayan formando una.

Para ello es vital una buena y continua comunicación, interna y externa. Y utilizar el orgullo de barrio como una herramienta poderosa a la hora de involucrar a las personas en el proyecto.

Para resumir:

Implicación de los jubilados e inmigrantes y utilización de su tiempo como recurso.
Creación de comisiones que diversifiquen las tareas.
Hibridación del aspecto social de la Kultur con uno más económico.
–Crear continuidad y proyección.
Corresponsabilizar a los usuarios en la gestión del edificio.
–Hacer un “Info Gune» en la Plaza de BIlbi, que está más transitada.

En mi opinión, todas las conclusiones a las que llegamos son aplicables y necesarias. Es un proyecto muy bonito e ilusionante del que tengo la suerte de formar parte (intermiténtemente) tanto como usuaria como parte de la asamblea. Es necesario crear un ambiente más abierto, aunque sea de una manera física, ya que la asamblea es totalmente libre y autogestionada.

Tenemos que ver que hay a nuestro alrededor y preguntarnos cuáles son las necesidades reales de los y las vecinas del barrio y ver si estas se pueden suplir desde este espacio, para conseguir una mayor responsabilidad e implicación por partes de todas. Quizás haya que cambiar el formato de las actividades, o no. Quizás haya que abrir el espacio a usos más económicos y menos lúdicos. El caso es que existe mucha fuerza e ilusión por parte de la gente que rodea a este proyecto, a este espacio, que es la Kultur y que esperemos siga viva durante muchísimo más tiempo.