URBANBAT | Mujer y espacio público
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Mujer y espacio público

Mesa 3 16:9

Relatos sobre el taller de propuestas de urbanbat 2015

 

MESA 3: MUJER Y ESPACIO PÚBLICO

Por Jenifer del Campo. Estudiante de 4º de Sociología en la UPV/EHU

Lo que sucedió en la mesa 3, Mujer y espacio público, fue algo muy revelador, incluso antes de que las palabras comenzaran a fluir. Nada más sentarnos caímos en la cuenta de que éramos todas mujeres, a excepción de un hombre. Esto ya nos daba una primera pista del debate que iba a tener lugar. El tema propuesto a debate es un nuevo-viejo problema; ¿Qué se puede hacer desde el movimiento asociativo para fomentar el uso del espacio público por parte de las mujeres, especialmente de origen extranjero, en el caso situado del barrio de San Francisco? El reto fue convocado por la asociación de voluntarios de Médicos del Mundo y quien se sentó a la mesa fue Estibaliz en su representación. La propuesta se realizó desde la preocupación que tiene esta asociación por la lucha contra la exclusión social, con especial atención al sector de las mujeres. Fueron varios los agentes invitados a la mesa: La Posada de los abrazos, representada por Rosario y Udane. La arquitecta feminista y coordinadora de Los paseos de Jane Jacobs, Ana Fernandez. Ethel Baraona, una arquitecta con perspectiva crítica. Un puñado de arquitectos/as, Jone, Inés, Miren, Laura y Diego movidas por un interese personal hacia el tema. Una vecina del barrio de San Francisco, Isa. Y la directora de EHU-Kultura, Miren Gabantxo.

El diagnóstico del problema comenzó reconociendo que el tema de la mujer es algo muy complejo. La preocupación principal giró en torno a la pregunta ¿Dónde están las mujeres en este barrio? Y es que los hombres ocupan de forma muy física el espacio urbano. El espacio público en este barrio sí se usa, pero solo por parte de los hombres y de unas determinadas procedencias en concreto. Esto provoca que se den en las calles comportamientos que generan inseguridad o incomodidad debido a ciertas pautas culturales. Que se use ese espacio público por parte de los hombres es algo positivo, teniendo en cuenta que hoy en día todo se privatiza, pero ¿Qué pasa con las mujeres? Los temas que se propusieron para abordar este problema fueron en torno a pensar cuales pueden ser las barreras que condicionan este uso por parte de las mujeres ¿Qué acciones se pueden llevar a cabo para fomentarlo? ¿Cuáles pueden ser herramientas de mediación para ello? ¿Se conocen experiencias similares en otros sitios? El problema tiene muchas aristas y contradicciones. El caso de la mujer gitana es una de ellas: sí ocupan de forma muy visible el espacio urbano constantemente y la mujer autóctona también se ve en la calle. Es la mujer extranjera la que no lo hace.

Mesa 3 4:3

La sensación común ante esto fue que, no es que las mujeres deban cumplir una función en la calle, pero sí parece que falta un motivo para salir a la calle por su parte. Y la cuestión de ser madre es algo que estuvo patente a lo largo de todo el debate. Faltan más espacios para que los niños jueguen en el barrio. Y esto, junto al tema del colegio, son elementos que pueden ser herramientas de mediación para que las mujeres interactúen, ya que el patio de la escuela es el lugar por excelencia de encuentro de madres. El colegio público del barrio es una mezcla entre una cárcel y un gueto; la gente autóctona lleva a otros colegios a sus hijos, lo que provoca que solo estén allí los niños inmigrantes. Las acciones que se podrían llevar a cabo podrían ser en colaboración con la AMPA para evitar que se vea al colegio del barrio con prejuicios. Todas estábamos de acuerdo en que cualquier acción que se pretenda emprender debe ser desde lo colectivo, que tenga el elemento de cuidado, de proyecto común y con un tiempo pausado de gestación.

Además de todo esto, el barrio, urbanísticamente, es incómodo, las aceras y calzadas están degradadas, siendo un gran problema para las personas en silla de ruedas o carritos de niño, lo que provoca que la infraestructura se convierta en una barrera a tener en cuenta. Por otra parte, la realidad económica y administrativa de las personas son otras de las barreras de gran calado. Muchas de ellas carecen permisos de residencia lo que provoca que a la vista de la institución no existan y no tengan ningún derecho social. Además, teniendo en cuenta que muchas de estas mujeres tienen que mantener a la familia con una situación económica muy delicada, el espacio público para ellas es algo que queda en un segundo plano porque su actividad se centra o en las tareas de cuidado o en el trabajo. Por eso la situación vital de estas mujeres se convierte en un elemento central a tener en cuenta en el problema; saber qué necesidades necesitan cubrir, qué elementos de su vida privada les impide salir, qué costumbres culturales tienen que las hace pasar más tiempo en casa o fuera del barrio, son preguntas que hay que plantear. En definitiva, la opinión común es que es necesario preguntarles a ellas directamente, a las protagonistas, preguntar sin miedo en un ambiente cómodo para ellas sobre lo que quieren y lo que necesitan. Eso aportaría mucha luz al reto.

En conclusión, el debate transcurrió de forma muy armónica, obteniendo una perspectiva muy concreta de cuál es el problema y aunque no se llegó a una decisión como tal, si pudimos construir entre todas un mapa de por dónde anda la solución al reto. La idea final que todas nos llevamos en mente fue que el uso desigual del espacio público de este barrio es un claro reflejo de la realidad del barrio, marcado por la desigualdad y la exclusión social.